Hay esperas que se sienten eternas. Algunas terminan cuando anuncian una nueva temporada de nuestra serie favorita; otras, cuando por fin llega ese videojuego que llevamos años esperando. Y después está Castlevania, una franquicia que ha tenido a sus seguidores preguntándose durante más de una década cuándo volveríamos a recibir una nueva aventura clásica de exploración y acción en dos dimensiones. La espera finalmente terminó con Castlevania: Belmont’s Curse, una nueva entrega desarrollada en colaboración por Konami, Evil Empire y Motion Twin, el equipo relacionado con el exitoso Dead Cells. El juego llegó el 15 de octubre de 2026, con una propuesta de acción y exploración en 2D que recupera el látigo, los monstruos góticos, los secretos y los castillos que hicieron famosa a la saga. Y sí, después de tantos años, regresar a un Castlevania de este estilo se siente como reencontrarnos con un viejo amigo. Uno que, en lugar de saludarnos con un abrazo, nos recibe con esqueletos, trampas, criaturas infernales y un jefe que parece tener problemas personales con nuestra barra de vida. Sin embargo, el regreso también llega acompañado de una decisión que resulta difícil de justificar para quienes jugamos en la nueva consola de Nintendo: la versión disponible para Nintendo Switch es la edición de la primera Switch, sin una versión nativa específica para Nintendo Switch 2. El juego puede ejecutarse en la nueva consola mediante retrocompatibilidad, pero eso no significa que exista una edición desarrollada expresamente para aprovechar su hardware. Y ahí aparece el contraste que marca buena parte de esta reseña. Por un lado, tenemos una aventura que recupera la esencia de Castlevania con combates exigentes, exploración y una protagonista nueva. Por el otro, una versión para Switch que presenta tiempos de carga incómodos y algunas irregularidades técnicas, aspectos que llaman todavía más la atención cuando se juega en una Nintendo Switch 2. ¿Estamos ante el regreso que la franquicia necesitaba? ¿El látigo vuelve a ocupar el lugar que merece? ¿Y qué tan difícil es esta aventura cuando dejamos de admirar los escenarios y comenzamos a enfrentarnos a sus enemigos? Vamos por partes, porque esta vez Drácula no es el único que tiene cuentas pendientes. Trece años después, Castlevania vuelve a la acción en 2D Para entender la importancia de Belmont’s Curse, hay que poner su lanzamiento en perspectiva. Aunque Castlevania nunca desapareció por completo —la franquicia ha recibido recopilaciones, colaboraciones y otros proyectos—, han pasado aproximadamente 13 años desde el último nuevo Castlevania de desplazamiento lateral, Castlevania: Lords of Shadow – Mirror of Fate, lanzado originalmente para Nintendo 3DS en 2013. Durante ese tiempo, el género que ayudó a definir la identidad de la serie evolucionó de manera considerable. Aparecieron propuestas que retomaron la exploración de mapas interconectados, las habilidades desbloqueables y el combate exigente, pero que también experimentaron con nuevas formas de progresión, diseño y narrativa. Por eso, el regreso de Castlevania no podía depender únicamente de poner un látigo en manos de un Belmont y llenar una pantalla de murciélagos. La franquicia necesitaba demostrar que todavía tenía algo que decir dentro de un género que nunca dejó de avanzar. La buena noticia es que Belmont’s Curse entiende buena parte de esa responsabilidad. Su propuesta recupera la exploración de los clásicos, incorpora un sistema de combate con distintas armas y habilidades, y convierte el látigo en una herramienta que sirve tanto para luchar como para desplazarnos por los escenarios. La mala noticia es que no todos los elementos alcanzan el mismo nivel de excelencia. Su dificultad puede ser muy elevada, algunos aspectos de la narrativa se quedan cortos y la versión de Nintendo Switch no ofrece la experiencia técnica que nos habría gustado encontrar en una consola que acaba de recibir una nueva generación. Aun así, hay algo que merece reconocerse: Konami no regresó con una simple recopilación ni con un juego móvil de progresión automática, sino con una aventura nueva que recupera la exploración clásica de Castlevania. Para una franquicia tan importante, eso ya representa un paso significativo. Una nueva Belmont toma el látigo: ¿quién es Rose? 10 La historia de Belmont’s Curse nos lleva hasta París, en el año 1499, una ciudad que está siendo atacada por criaturas monstruosas mientras una misteriosa fortaleza se alza sobre sus calles. En medio de este caos aparece Rose Belmont, hija de Trevor Belmont y Sypha Belnades, quien deberá enfrentarse a las fuerzas sobrenaturales que amenazan con condenar a la ciudad a la oscuridad. La conexión con Castlevania III: Dracula’s Curse es importante. La nueva aventura se sitúa 23 años después de aquellos acontecimientos, por lo que no estamos ante un reinicio que borra lo ocurrido anteriormente, sino ante una continuación dentro de esa línea narrativa. Rose hereda el legado familiar y el emblemático látigo sagrado Vampire Killer, una herramienta indispensable para luchar contra las criaturas que invaden París. Pero ser parte de la familia Belmont no significa que el camino esté resuelto de antemano. La protagonista tendrá que descubrir qué está sucediendo, enfrentarse a enemigos cada vez más peligrosos y desentrañar una conspiración que se esconde detrás de la invasión. La premisa funciona porque recupera los elementos que esperamos de Castlevania: una amenaza sobrenatural, una ciudad dominada por el miedo, un linaje de cazadores de monstruos y una fortaleza que parece guardar secretos mucho más oscuros de lo que imaginamos. Además, la aventura incluye figuras conocidas de la mitología de la franquicia, como la Muerte, Medusa y Carmilla, junto con nuevas interpretaciones de personajes históricos y legendarios, entre ellos Juana de Arco. Sin embargo, hay un detalle que conviene tener presente: la trama funciona más como el hilo conductor de la exploración y los enfrentamientos que como una historia que busca profundizar de manera constante en sus personajes. La premisa tiene potencial, pero su desarrollo puede sentirse superficial en determinados momentos. Rose es una protagonista con una herencia interesante, y el contexto histórico de París ofrece oportunidades para desarrollar un relato memorable. Aun así, quienes esperen una narrativa con la profundidad de los mejores juegos de rol o una exploración psicológica extensa podrían quedarse con ganas de conocer más sobre sus motivaciones y relaciones. Esto no impide disfrutar la aventura. Simplemente significa que el mayor atractivo de Belmont’s Curse se encuentra en la experiencia de jugar, explorar y descubrir qué se esconde detrás de cada puerta. Y hablando de puertas, si algo nos ha enseñado Castlevania es que nunca debemos confiar demasiado en una habitación aparentemente tranquila. Puede guardar un objeto valioso, un camino secreto o un monstruo con muy malas intenciones. En ocasiones, las tres cosas al mismo tiempo. Exploración y diseño de niveles: París esconde más de lo que parece Uno de los pilares de Belmont’s Curse es la exploración en dos dimensiones. La aventura nos lleva por calles en llamas, cementerios, pasadizos, construcciones góticas y los rincones de un castillo que parece diseñado para hacer que cualquier visita turística termine en una emergencia. El mapa es amplio, vertical y está lleno de caminos que no siempre podemos recorrer desde el principio. Algunas rutas requieren habilidades concretas, mientras que otras esconden mejoras, armas, reliquias y secretos que pueden cambiar nuestra manera de jugar. Aquí entra en acción una de las características esenciales del género metroidvania: la curiosidad se convierte en una herramienta de progreso. Un camino bloqueado que encontramos al principio puede convertirse en nuestra próxima prioridad cuando desbloqueamos una habilidad. De igual manera, una habitación aparentemente secundaria puede guardar justo la mejora que necesitamos para sobrevivir a los próximos enfrentamientos. El diseño también juega con las alturas, los puentes, las plataformas móviles y las trampas. No basta con avanzar hacia la derecha y golpear a todo lo que se mueva. En ocasiones tendremos que estudiar el entorno, calcular un salto o encontrar la forma correcta de utilizar el látigo para alcanzar una plataforma distante. El mapa puede llegar a sentirse enorme, especialmente cuando descubrimos que todavía existen sectores por explorar después de creer que ya lo habíamos visto todo. Para quienes disfrutan completar cada rincón de una aventura, esto representa uno de sus mayores atractivos. Eso sí, la amplitud tiene un precio. Cuando morimos, regresamos a una sala de guardado anterior, y las distancias entre algunos puntos pueden convertir el regreso hacia una zona conocida en un pequeño castigo. Si además perdemos contra un jefe después de recorrer varios pasillos, es probable que nuestra paciencia necesite una poción de recuperación. La exploración resulta gratificante, pero también exige memorizar rutas, administrar recursos y aceptar que no siempre estaremos preparados para superar todo lo que encontremos. Belmont’s Curse premia la perseverancia, aunque a veces parece disfrutar demasiado cuando nos hace repetir el camino. El látigo vuelve a ser protagonista: así se juega Belmont’s Curse Si hay una mecánica que define a Belmont’s Curse, es el látigo. El Vampire Killer no es únicamente un arma para atacar enemigos a distancia: también permite desplazarnos, engancharnos a determinados puntos del escenario y ejecutar movimientos que convierten la exploración en una especie de recorrido acrobático. El látigo es el corazón de la movilidad y del combate, y dominarlo cambia considerablemente la experiencia. Podemos utilizarlo para golpear, impulsarnos, acercarnos a determinados adversarios y encadenar ataques en el aire. La sensación de desplazarnos entre plataformas mientras esquivamos peligros aporta dinamismo a los escenarios. El combate, por su parte, combina ataques, saltos evasivos, deslizamientos, contraataques y diferentes armas. Rose no depende exclusivamente del látigo: podemos desbloquear distintas familias de armamento, cada una con características y formas de uso particulares. La variedad permite adaptar nuestro estilo. Algunas armas favorecen ataques directos, otras aportan alternativas defensivas y otras requieren aprender mejor sus tiempos y alcances. Las mejoras de equipo y las reliquias añaden otra capa de personalización, pues podemos modificar ciertas estadísticas y obtener efectos que favorecen el ataque o la supervivencia. También encontramos el sistema de Arcanos, una de las mecánicas más interesantes de la propuesta. Después de derrotar a determinados jefes, obtenemos cartas de tarot asociadas con sus poderes. Estas cartas permiten ejecutar habilidades especiales y ataques mágicos que amplían nuestras opciones durante los combates. ...