Ghost of Yōtei, La Venganza Se Escribe Con Katana

Si algo hemos aprendido de los videojuegos es que no hay nada más peligroso que un protagonista con tiempo libre y sed de venganza. En Ghost of Tsushima nos enamoramos de Jin Sakai, un samurái noble que luchaba por salvar su tierra. Ahora, en Ghost of Yōtei, la cosa es diferente: aquí no estamos para discursos honorables ni para quedar bien en la historia; aquí venimos a cobrar cuentas pendientes con sangre, acero y estilo cinematográfico.

Así que abróchate el hakama, prepara tu katana y guarda un par de kleenex, porque este viaje no es solo de espadazos, también es de emociones… y de paisajes tan bonitos que dan ganas de ponerlos de fondo de pantalla en la oficina (aunque tu jefe no entienda nada).

De Tsushima a Ezo

Desarrollado por Sucker Punch Productions y lanzado el 2 de octubre de 2025 en exclusiva para PlayStation 5, Ghost of Yōtei es, técnicamente, la secuela espiritual de Ghost of Tsushima. Pero en vez de continuar la historia de Jin, nos lleva a un nuevo escenario: la región de Ezo, conocida hoy como Hokkaido.

Aquí controlamos a Atsu, una rōnin marcada por la tragedia: de niña, vio cómo su familia era asesinada brutalmente por un grupo de villanos conocidos como los Seis de Yōtei. Ella sobrevivió, creció con ese dolor y, 16 años después, regresa con una lista de nombres que tachar. ¿Recuerdas la famosa frase de Kill Bill? “This woman deserves her revenge, and we deserve to die”… Pues más o menos así, pero en versión samurái.

Lo interesante es que este no es un viaje de héroes que salvan al mundo. Atsu no es un paladín ni quiere que la recuerden en los libros de historia. Su historia es íntima, personal y hasta incómoda. Y eso hace que la narrativa sea más intensa: aquí la motivación no es gloria, es puro ajuste de cuentas.

Seis nombres, seis problemas

La campaña se organiza alrededor de esa lista de enemigos. Los Seis de Yōtei no son cualquier montón de jefes finales; cada uno tiene un trasfondo, un estilo de pelea y hasta un pedacito de personalidad que te hace odiarlos con gusto. Y lo mejor: puedes decidir el orden en que los cazas, lo que da cierta libertad y rejugabilidad.

Durante el camino, no todo son peleas sangrientas: hay misiones secundarias donde conocemos aldeanos, ayudamos a caravanas o incluso descubrimos secretos que cambian la percepción de Atsu sobre su propia venganza. Eso sí, como buen juego de mundo abierto, algunas de estas side quests pueden sentirse un poco repetitivas (“lleva esto, salva aquello, mata a esos bandidos”), pero el contexto narrativo ayuda a que no sea solo checklists.

El tono es mucho más oscuro que en Tsushima. Mientras que Jin buscaba honor, Atsu lucha contra sus propios demonios. En varias partes del juego tendrás que tomar decisiones que hacen dudar: ¿realmente vale la pena tanta sangre? Y sí, el juego te pone incómodo, pero justo ahí está la magia: no solo peleas, también piensas.

Cuando el viento te lleva… a darte espadazos

Sucker Punch no reinventó la rueda, pero sí le puso rines nuevos y brillosos. El mundo abierto sigue esa filosofía de “menos iconos, más inmersión”. El mapa no está saturado de marcadores como en otros juegos, sino que el viento te guía a puntos de interés. Es simple, elegante y hasta poético (aunque a veces yo juraba que el viento quería llevarme al Starbucks más cercano).

El terreno es diverso: desde tundras nevadas hasta bosques densos, aldeas y lagos cristalinos. Lo más cool es cómo el juego aprovecha la nieve: puedes abrirte paso dejando huellas, descubrir caminos ocultos y hasta esconderte como ninja bajo tormentas blancas. Si en Tsushima el pasto se movía bonito, aquí la nieve se roba el show.

Los altares también son clave: descubrirlos no solo embellece el paisaje, también mejora tus habilidades. Es la forma del juego de decirte: “Sí, explora ese caminito raro, prometo que no es tiempo perdido”.

Brutal, variado y adictivo

Aquí es donde Ghost of Yōtei sube de nivel. El sistema de combate combina lo mejor del original con nuevas armas y estrategias:

  • Dual katanas: rápidas, perfectas para combos estilo anime.
  • Ōdachi: una espada enorme que hace que tus enemigos piensen “ups, debí quedarme en casa”.
  • Kusarigama: látigo + hoz = diversión asegurada (para ti, no para ellos).
  • Arcos y armas secundarias: para cuando quieres jugar a ser Robin Hood, versión samurái.

El combate tiene un sistema “piedra, papel, tijera”: algunos enemigos son vulnerables a ciertas armas, lo que te obliga a variar tu estilo. Nada de spamear el mismo combo; aquí toca pensar y adaptarse.

Y ojo: la IA enemiga es más lista. Ya no basta con esconderse en los arbustos, porque te rastrean mejor, se comunican entre ellos y hasta intentan flanquearte. El sigilo sigue siendo una opción, pero mucho más desafiante.

En cuanto a la dificultad, el juego viene con varios niveles, y en los más altos hasta quitan pistas de acertijos para que realmente uses la cabeza. Nada de personajes gritándote “¡Mira esa palanca sospechosa!”, aquí te dejan sufrir como buen gamer.

Modos cinematográficos, para sentirte director japonés

Uno de los mayores aciertos es que puedes jugar el título como si fuera una película. Existen tres modos principales:

  1. Kurosawa Mode: blanco y negro con filtros de cine clásico japonés. Perfecto para sentirte en una cinta de los 50.
  2. Miike Mode: inspirado en Takashi Miike, todo es más brutal, sangriento y con ángulos de cámara intensos. Básicamente, el modo “no apto para abuelitas”.
  3. Watanabe Mode: inspirado en Samurai Champloo, combina exploración con un soundtrack lo-fi chill. Ideal para pasear por el bosque como si fuera domingo y tuvieras café en mano.

Estos modos no son solo filtros bonitos: cambian cómo vives la experiencia. En Kurosawa, por ejemplo, las sombras dificultan combates nocturnos, lo que te obliga a adaptarte. Es como si el juego dijera: “¿Querías cine arte? Pues también viene con retos extra”.

Fotomodo, porque si no subes la captura, ¿jugaste de verdad?

El Photo Mode es tan completo que parece otro juego. Puedes controlar lentes, aperturas, filtros y hasta crear animaciones con varias posiciones de cámara. Los paisajes nevados, los templos iluminados y los duelos bajo la lluvia piden a gritos ser capturados. Estoy seguro de que Instagram va a estar lleno de “selfies samurái” durante meses.

Técnica y rendimiento: el poder de PS5 brillando

Visualmente, Ghost of Yōtei es espectacular. La nieve se deforma, los paisajes son tan realistas que parece que huelen a frío, y los efectos de luz son una maravilla. Puedes elegir entre modo rendimiento a 60 fps o modo calidad con ray tracing. Ambos estables, ambos bellísimos.

El sonido también es de otro planeta: desde los instrumentos japoneses tradicionales en la banda sonora, hasta el doblaje impecable (Atsu se roba el show). Y no olvidemos el DualSense, que vibra con cada espadazo, galope o brisa de viento. Básicamente, la consola te da un masaje japonés en las manos.

Lo bueno, lo malo y lo samurái

Lo que brilla:

  • Narrativa emocional y madura.
  • Combate variado, con armas nuevas y profundidad táctica.
  • Modos cinematográficos que cambian la experiencia.
  • Mundo abierto orgánico y visualmente precioso.
  • Fotomodo de lujo.
  • Parche día uno que afina detalles molestos.

Lo que no tanto:

  • Algunas misiones secundarias se sienten repetitivas (el clásico “mata tres bandidos más y hablamos”).
  • El ritmo narrativo baja un poco a la mitad.
  • El modo Kurosawa, aunque bello, puede ser frustrante en combates oscuros.

Ghost of Yōtei no es simplemente “otro mundo abierto con samuráis”. Es un viaje emocional y brutal, con un sistema de combate refinado, paisajes inolvidables y un tono narrativo que se atreve a incomodar. No es un juego perfecto, pero sí es uno de esos que marcan época en la generación.

Si alguna vez pensaste en hacer una lista de personas que te arruinaron la vida… bueno, no la hagas (la terapia es más barata). Pero si quieres experimentar cómo sería, sin consecuencias reales y con gráficos de infarto, este juego es tu mejor opción.

Calificación: un espadazo directo al corazón (y al GOTY 2025).

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