Agárrate, porque esta no es otra cinta de “fantasma y redes sociales”. No Me Sigas llega a las salas mexicanas justo a tiempo para Halloween con una propuesta que combina lo sobrenatural, el absurdo de las redes sociales y un buen toque de crítica a la obsesión moderna por la fama digital. Y aunque suene como una receta que ya hemos probado antes, el sazón mexicano le da un sabor que la separa del montón.
La historia sigue a Carla (interpretada por Karla Coronado), una aspirante a influencer que decide mudarse a un departamento supuestamente embrujado para crear contenido y hacerse viral. Todo va bien hasta que el contenido deja de ser “fingido”. Lo que empieza como una broma termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla, cuando Carla despierta una fuerza que no entiende de hashtags ni patrocinios. Así que sí: el miedo, en este caso, viene con ring light.
Lo que realmente destaca
Uno de los puntos más llamativos de No Me Sigas es su producción de nivel internacional. No es cualquier cinta indie: es la primera película en español de Blumhouse Productions, el estudio responsable de franquicias como Paranormal Activity, Insidious y Get Out. Eso ya de entrada le da un sello de calidad y un toque de “esto va en serio… o al menos te va a asustar decentemente”.
Detrás de cámaras están los hermanos Ximena y Eduardo García Lecuona, quienes debutan como directores con una confianza y estilo que se notan desde los primeros minutos. Ximena, además, es la guionista, y eso se siente en el control narrativo de la historia: los diálogos fluyen, las escenas tienen intención, y la película sabe exactamente qué tipo de terror quiere contar. Es de esas producciones donde el talento joven mexicano demuestra que puede jugar sin miedo en ligas mayores.
Pero No Me Sigas no sólo asusta, también piensa. La película lanza una crítica afilada a la cultura de la validación constante, esa necesidad de que alguien le dé “me gusta” a cada respiro que damos. No se trata sólo de una chica poseída: se trata de un sistema que nos posee a todos, con sus algoritmos y su hambre de atención. Si eso no es terror moderno, no sé qué lo sea.
Otro acierto es su ambientación en la Ciudad de México. Aquí el horror no sucede en una cabaña gringa ni en un bosque de niebla artificial. Sucede entre los edificios, los departamentos pequeños, las azoteas con tinacos y cables que chispean. Todo se siente cercano, reconocible… y eso lo hace más inquietante. Porque cuando ves que el mal ronda por calles que podrías ubicar en Google Maps, la cosa da otro tipo de miedo.
Y para rematar, la película dura apenas 82 minutos. Nada de esos maratones de dos horas y media donde ya ni recuerdas por qué empezó el susto. Aquí el ritmo es ágil, directo y funcional. Te engancha, te asusta, te deja pensando y se va antes de que el efecto se disuelva.

Lo que tambalea un poquito
Ahora bien, no todo es posesión perfecta. No Me Sigas tiene un gran punto de partida, pero también un pequeño desafío: su idea principal —el influencer que se mete con fuerzas sobrenaturales— ya se ha visto en otras producciones recientes. Si el guion no empuja lo suficiente hacia un giro nuevo o un comentario más profundo, el resultado puede sentirse algo familiar.
Además, al tener tan poco tiempo, algunos personajes secundarios se quedan un poco en la sombra. Carla acapara los reflectores (literal y figuradamente), pero el resto del elenco apenas tiene espacio para desarrollarse. Es una pena, porque el universo que plantea da para más.
Y ojo: si entras esperando terror extremo o gore, puede que te lleves una ligera decepción. Esta película no va por el camino del susto sangriento, sino del terror atmosférico y psicológico. Es más de piel erizada que de tripas al aire. Lo cual no está mal, pero hay que saberlo de antemano para disfrutarla como se debe.
Entonces… ¿por qué vale la pena verla?
Porque es una de esas raras combinaciones entre terror y comentario social que funcionan sin tomarse demasiado en serio. Si te gustan las películas que mezclan el mundo digital con lo paranormal, aquí vas a encontrar un espejo incómodo y a la vez divertido.
También vale la pena por el simple hecho de apoyar cine mexicano de género. No todos los días se estrena una cinta nacional con respaldo internacional, buena factura técnica y ambición real. Además, con su llegada a cines el 30 de octubre, se anota como una excelente opción para la temporada de sustos. Y seamos honestos: ¿qué mejor plan para Halloween que ver a alguien ser perseguido por sus propios seguidores?
Eso sí, si lo tuyo es ir al cine sólo para reírte y no pensar mucho, No Me Sigas puede ser una elección entretenida pero no revolucionaria. Y si eres de los que saltan con cada ruido extraño, te recomiendo llevar una chamarra extra… no por el frío, sino para taparte la cara en los momentos tensos.
Y porque el humor también exorciza
Ahora, hablemos de lo divertido: No Me Sigas tiene un subtexto que se presta para varios chistes involuntarios. Imagínate a Carla grabando: “¡Hola chicos, hoy fingiré una posesión!” y de repente la voz del demonio contesta: “No, pos aquí estoy de verdad”. Ahí sí que ningún filtro de belleza te salva.
Incluso el título es casi una broma cósmica. En lugar de “¿me sigues?”, la película parece decir “¡no me sigas, literal!”… porque si lo haces, puede que acabes siguiéndole los pasos al mal. Y con la cantidad de retos absurdos que circulan en TikTok, no dudamos que alguien intente recrearlo algún día.
Si la cinta tuviera un subtítulo alternativo, bien podría ser: Cómo arruinar tu feed… y quizás tu alma.

En el mapa del cine mexicano
No Me Sigas marca un punto importante para el terror nacional. Por un lado, confirma que México tiene el talento, la técnica y las ideas para competir con cualquier estudio internacional. Por otro, demuestra que el público local está listo para consumir cine de género sin complejos. Ya no se trata sólo de hacer dramas de autor: el miedo también tiene su espacio, y si viene envuelto con crítica social y producción de lujo, mejor todavía.
Ver el nombre de Blumhouse en los créditos es un guiño de confianza, pero ver a cineastas mexicanos dirigiendo y protagonizando es el verdadero orgullo. El resultado es una película que, sin reinventar el terror, sí abre una puerta valiosa: la de un nuevo tipo de horror latinoamericano que entiende las redes, la ansiedad moderna y la sensación de estar siempre siendo observado.
Veredicto final
No Me Sigas no busca redefinir el género, pero sí dejar su marca. Es fresca, ágil y lo suficientemente inquietante como para dejarte mirando tu celular con sospecha. Entre sustos y risas nerviosas, ofrece una crítica clara: en esta era digital, a veces el verdadero demonio está en el espejo de tu pantalla.
Si tuviera que ponerle nota, diría 8.5 de 10, o como decimos en Culture Connection: “vale cada peso del boleto y unos buenos memes después”.
Así que ya sabes: apaga el celular, disfruta del susto y, sobre todo, recuerda el consejo central de la película… no sigas a nadie que no conoces, especialmente si aparece en tus selfies.